Dos casos en mi experiencia
En diciembre de 2021 llegó el momento de elecciones en un distrito en Santiago donde me encontraba ayudando como pastor. Desde que comenzó la pandemia una hermana de una de las iglesias del distrito se quedó a cargo de dirigir la iglesia, esto por el motivo de que el anciano se fue al campo y no iba a tener como conectarse en una iglesia digital. La hermana M asumió con responsabilidad la dirección de la Iglesia; haciendo el calendario, predicando, dirigiendo, visitando, etc. Cuando llegó el momento de escoger el cargo de anciano la propuesta de la comisión de nombramientos fue unánime, la hermana M debía tener esa responsabilidad. En la instancia de la asamblea la aprobación de la propuesta fue rápida, esa iglesia ya tenía su primera anciana. No se discutió si estaba correcto o si el asunto era bíblico, simplemente a los hermanos les hacia falta una anciana líder que pudiera llevar el liderazgo de la iglesia. La elección de la hermana M fue algo extraordinario para ella, con emoción aceptaba su cargo, y con el peso de llevar una responsabilidad de liderazgo tan grande. Fue un momento lindo cuando ella mencionó las palabras de agradecimiento y su compromiso con el cargo, oramos por su liderazgo, sin dudas el Espíritu Santo guió el proceso y así se manifestó en la iglesia.
Otro caso similar se dio en donde me encuentro actualmente trabajando como pastor. En la comisión de nombramientos de una de las iglesias del distrito trabajamos para escoger los cargos, el primero de los cargos era de anciano. Comenzando la elección inmediatamente se nos dificultó el proceso porque quienes habían asumido antes como ancianos no podían en esta ocasión. Para no retrasarnos avanzamos con los otros cargos y al final retomamos el de anciano. Aunque habían hombres en la comisión que tenían las cualidades para ser anciano, estos no estaban dispuestos a aceptar esta responsabilidad. En ese momento, luego de dar vueltas pensando en un nombre, nos acordamos de la posibilidad de elegir a una mujer. La propuesta fue inmediata, la hermana A debía asumir el liderazgo, -¿se puede pastor? me preguntó, - por supuesto, le mencioné. Los hermanos resaltaron sus cualidades como una de las pioneras en la iglesia donde estábamos, y ella emocionada estuvo dispuesta a asumir la responsabilidad que algunos hombres habían rehuido. Cuando se mencionó su nombre ante la asamblea no hubo objeciones, solo unanimidad. Su nombre estaba confirmado para ser anciana, con emoción y sabiendo el peso de esta responsabilidad decidió avanzar en su liderazgo espiritual en la iglesia. Realmente el Espíritu de Dios guiaba el proceso.
El caso de ambas, coincide, en que son mujeres reconocidas por su liderazgo espiritual, por su madurez y capacidad para dirigir la iglesia con sabiduría. Mujeres que el Señor había utilizado en su época de juventud y seguía usando en la actualidad. Al momento de asumir la responsabilidad de ser ancianas de sus iglesias lo hicieron con humildad y compromiso sin rehuir del deber asignado por la iglesia.
Iglesias fundadas por mujeres
La verdad es que ambas iglesias en su mayoría fueron fundadas por mujeres esforzadas y fieles, las cuales dieron todo por la causa de Dios. Esto es algo que se repite en otros lugares. En mi iglesia natal de Pica fueron mujeres las que aceptaron la verdad y organizaron el grupo, y así posteriormente la iglesia. Las hermanas visitaron a distintas personas de casa en casa tratando de que otros aceptaran la verdad en un pueblo mayormente católico. Se congregaron y sufrieron el rechazo de muchas personas del pueblo, incluso al reunirse, personas iban a tirar piedras al lugar de reunión sin importar que estuvieran con sus hijos. Ante el hostigamiento, perseveraron. Fueron ellas las que asumieron el rol de directoras de grupos y sacaron adelante la iglesia. Recientemente despedimos en Carahue a una hermana que vivió 104 años, ella ayudó en la construcción de iglesia, participó en casi todos los cargos y también fue directora de grupo, su compromiso era increíble.
Esta es la verdad de muchas iglesias. Según los datos de secretaría de la iglesia casi el 60% de la iglesia se conforma de mujeres. Ellas han fundado, predicado, llevado almas a los pies de Cristo, y dirigido la obra en distintos lugares. ¿Por qué entonces nos sorprende que ahora pueden ser elegidas ancianas? Si la historia demuestra al Espíritu Santo trabajando en ellas poderosamente y otorgándoles el don de liderazgo en la iglesia.
Esto es solo un pincelada de lo que conozco personalmente, pero hay libros de historia de nuestra iglesia donde se resalta la obra de grandes mujeres a favor del evangelio.
La iglesia decidió por el testimonio del Espíritu Santo
Quise comenzar el artículo relatando la elección de estas dos ancianas porque vimos la manifestación del Espíritu Santo en la iglesia local y llegamos a un acuerdo. Esta es la forma en que la iglesia llegó a tomar grandes decisiones. En el libro de Hechos capítulo 15 vemos que cuando se discutía si los gentiles podían pertenecer a la iglesia sin ser circuncidados, habían distintos argumentos, como ahora los existen, pero sí un hecho que contribuyó a la decisión de predicarles el evangelio fue el testimonio de Pedro, Pablo y Bernabé.
Pedro vio cómo el Espíritu Santo se derramó sobre los gentiles, para ellos también era la promesa y no solo para los judíos. Ellos también podrían acceder al don de Dios y participar de la iglesia. El Espíritu Santo “No había hecho ninguna diferencia”. Para remarcar, cuando la multitud había quedado en silencio, Pablo y Bernabé contaron “cuán grandes señales y maravillas había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles.” (Hech. 15:12).
Porque destaco lo que hicieron Pedro, Pablo y Bernabé, solo por el hecho de que pudiendo haber mencionado como argumento el Antiguo Testamento, citando así la Biblia, decidieron mejor contar testimonios de la obra del Espíritu Santo ¿porque? ¿no bastaba con mencionar lo que dijo Dios? acaso no le dijo Dios a Abraham que todas las naciones iban a ser benditas en su descendencia (Gen. 12:3), o que Israel era un pueblo sabio y entendido en el cual todos se admirarían (Deut. 4:6) o que la casa de Dios iba ser una casa de oración para todos los pueblos (Isa. 56:7). Quizá con estos argumentos hubiese bastado para convencerlos, finalmente estaban usando la revelación, el escrito está. Pero no citaron la Biblia, lo que sí hicieron fue presentar testimonios de lo que el Espíritu Santo había obrado en favor de los gentiles para que accedieran a la salvación por la fe. Ese fue el método para llegar a un acuerdo como iglesia. Si el Espíritu ha obrado entonces la iglesia tenía que avanzar, aunque fuera difícil romper con sus tradiciones. Lo mismo ahora, si el Espíritu Santo obró, y ha obrado en distintas iglesias a lo largo de la historia con mujeres que asumieron roles de liderazgo en las iglesias ¿Porque cuestionar algo que ya Dios ha demostrado en la práctica que puede existir?
El problema de la ordenación
El temor podría provenir de que en la Biblia la ordenación de ancianas no está explícita. La verdad, es que hay muchas cosas que no están explícitas en la Biblia como nuestra organización, o nuestra liturgia, pero si encontramos principios que nos ayudan a formar una teología de la organización de la iglesia o nos ayuda a ver una liturgia. En cuanto al liderazgo femenino, tanto en el AT como en el NT encontramos el principio de que una mujer puede asumir un rol de liderazgo. Pero, ¡nunca se les ha impuesto las manos a una mujer para ser ordenada! Quizás esto es lo que más provoca recelos al momento de aceptar la ordenación de ancianas.
Debemos entonces considerar que la ordenación con imposición de manos es un reconocimiento público de Dios junto con la congregación de que el Señor ha otorgado el Espíritu Santo, se ha apartado para un ministerio especial de liderazgo a la persona, se le ha otorgado un don a la persona y ahora pasa a ser representante de la congregación. Esto lo vemos en la ordenación de Josué (Num. 27:18-23; Deut. 34:9), en el ejemplo de Timoteo (1 Tim. 4:14; 2 Tim. 1:6) y de otros también (7 diáconos, Pablo y Bernabé).1 ¡Ven solo ejemplo de varones al momento de ordenar y imponer las manos con todo lo que significa! ¿Es esto así? ¿Solo a hombres en la Biblia se las ha impuesto las manos?
El libro de Hechos nos muestra que la imposición de manos se realizaba también para recibir el don del Espíritu Santo luego de ser bautizados, y esto era para hombres y mujeres, el texto dice así: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres… Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo… Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo.” (Hech. 8:12-17). Como vemos, sin distinción a hombres y mujeres se les imponía las manos para que recibieran el don del Espíritu Santo.
Entonces, sí a los líderes que ejercían un ministerio como los diáconos se les imponía las manos, lo más lógico es que a las líderes mujeres también se les imponía las manos, siendo así ordenadas. El caso más notable es el de Febe de Romanos 16:2. Febe, era una notable líder de Cencrea,2 y, probablemente era a quien Pablo envió como mensajera y su representante a los romanos. La mayoría de las versiones en español sostienen que era diaconisa, sin embargo el texto original que se utiliza es diakonos en su género masculino. Solo la traducción en lenguaje actual menciona que Febe era líder de la iglesia. Esto es interesante porque cuando se utiliza la palabra diakonos en hombres, en su mayoría, las distintas versiones traducen como siervos o ministros, ejemplo: Pablo (Efe. 3:7), Tiquico (Efe. 6:21), Epafras (Col. 1:7) y Arquipo (Col. 4:17). diakonos, como vemos, en estos casos se intercambia por siervo o ministro, la única excepción es Febe, ella siempre es diaconisa. Denis Fortin nota en esto un tipo de parcialidad con Febe.3 Sin embargo ella era una líder de su iglesia con los mismo atributos y del mismo prestigio mencionado en 1 Tim. 3.
¡Es que no hubieron ancianas!, claro no hay un texto que nos diga que sí, pero ¿hubo apóstoles mujeres? la respuesta es sí, y su nombre es Junia. Ella es mencionada en Romanos 16:7. Los eruditos han demostrado que el nombre Junia era de mujer en el primer siglo. Los textos más antiguos que muestra el aparato crítico de la Nestle-Aland mencionan que se utiliza Junia (femenino) y no Junias (masculino).4 Es decir tenemos a un apóstol mujer, “quien junto a Andronico (probablemente su esposo) fue parte del grupo de los apóstoles del NT” como concluye el estudio de Nancy Vyhmeister.5 Si la mujer ha asumido este rol y otros de liderazgo debemos dejar que el Espíritu confirme a quien ha llamado y le ha otorgado la responsabilidad de liderar. La iglesia entonces hace bien en reconocer e imponer las manos.
El manual de Iglesia
¡Pero el manual de iglesia no dice que hay ancianas ordenadas! Es interesante este punto porque alguno podría pensar que no se debe hacer nada que el manual de iglesia no señale y así es, el manual es nuestra norma de iglesia que nos da orden y este solo se cambia en el congreso de al Asociación General.
Nuestra División era una de las únicas dos Divisiones en la iglesia mundial que no ordenaba ancianas, todas las otras ya ordenan ancianas desde hace tiempo, puesto que quedo abierto en el concilio de la Asociación General de 1984. Pero el mismo manual tampoco señala que puedan haber mujeres como directoras de grupos, tampoco dice que no pueden existir, simplemente queda abierta la interpretación, de allí que podemos tener mujeres directoras de grupo, y ya hay más de 360 en la División Sudamericana.
El asunto es el siguiente; el manual menciona en la elección de dirigentes que Dios llama a “hombres y mujeres a posiciones de sagrada responsabilidad”.6 por lo tanto tiene cuidado de siempre usar el sustantivo “personas” o “miembros”, esto es inclusivo.
Comencemos por el director de Iglesia. El manual señala que en caso de no haber alguien que sirva como anciano “la iglesia debe elegir a una persona que será conocida como director”. Como vemos se menciona persona (hombre o mujer), lo interesante es que dos de las tres veces que se menciona al director se hace con el artículo masculino “el” director. Aún así con esa referencia más masculina elegimos mujeres.
En cuanto al Anciano, el manual comienza haciendo mención de anciano con el mismo articulo “el”. “El anciano local”, “el anciano es el dirigente”, “el anciano debe ser capaz” “el anciano puede ser”. Pero también se usa el sustantivo “persona” ejemplo: “No es aconsejable que una persona sirva”, “puede elegir otra persona para el ancianato”. Cuando se habla específicamente de la ordenación se comienza con “la elección de una persona para el cargo de anciano” y finaliza con “luego de ordenar a una persona como anciano”. La cuestión es la siguiente: para anciano nunca se especifica que un hombre debe ser elegido para el cargo de anciano. Esta es la misma ambigüedad que vemos en el caso del director de grupo, entonces sí para el director de grupo interpretamos que las mujeres también pueden serlo ¿porque no interpretar de la misma manera para el caso de ancianos?
Finalmente creo que la iglesia avanzará y prosperará con esta decisión de ordenar ancianas. Las mujeres ya tienen un rol fundamental y bajo su liderazgo muchas iglesias seguirán creciendo como ocurre con las hermanas M y A. Obviamente no son perfectas, no necesariamente en todas las iglesias puede que haya un gran cambio como ocurre en muchas iglesias con ancianos hombres, algunas se mantienen igual y otras bajo un mal liderazgo también pueden quebrantarse, y lo mismo puede sucederle a una mujer. Solo que ahora se les da esta oportunidad que sin dudas, ayudará a aumentar el evangelismo.
Al permitir que mujeres asuman la responsabilidad con el don que Dios ya les ha otorgado y que hemos visto en nuestras iglesias a lo largo de la historia, la iglesia continuará cumpliendo su misión, y juntos, mujeres y hombres, seguiremos predicando el evangelio eterno.
Referencias
https://digitalcommons.andrews.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1027&context=mml





0 Comentarios