Estudios, amor y locura



Soltería

Tiempo atrás, cuando era un joven universitario de primer año de Teología, decidí leer el libro de Joshua Harris Le dije adiós a las citas amorosas, y su mensaje me llegó. Debía aprender a ver la soltería como un regalo de Dios para las personas. No era posible que todo el tiempo me estuviera lamentando por no tener a alguien al lado para compartir. Debía aprender a ser feliz solo. Para mí, ahí estaba la clave.

En otro momento compartiré cómo conocí a mi amada Amada. Pero debo mencionar que Dios maneja sus tiempos, y no dudes de que al hombre de Dios, Dios le tiene una mujer de Dios, y viceversa.

Siempre Griego

Había colportado en la campaña de invierno del 2013, disfrutando de buenos momentos con los amigos. Pero mi tiempo fue corto, puesto que me encontraba en tercer año de Teología y en el segundo semestre debía comenzar con los ramos intensivos. En aquellos tiempos nos pedían estar dos semanas antes del inicio formal de las clases. Había terminado el semestre justo en el periodo de exámenes. No logré eximirme de todos los ramos; el único que me faltó fue Griego 3. Debo ser sincero: estuve al borde de reprobarlo. Llegar la semana del 20 de marzo me perjudicó bastante. Tenía la costumbre de quedarme más tiempo en la campaña, una o dos semanas más, y luego irme una semana para mi casa en Pica, para disfrutar un tiempo con mis padres. Esta vez fue distinto, complicado.

Todos conocen cómo avanza la profesora Lily en las materias de idiomas. Cuando llegué, ya la cosa estaba difícil. No solo los verbos tenían modo, tiempo, género, número y voz, cambiando los afijos y la raíz de cada palabra en su estructura gramatical, sino que ahora los sustantivos tenían casos. Es decir, ahora una oración, tanto en sus verbos como en sus sustantivos, podía transformarse, y había que analizar cada palabra. Esto me explotó la cabeza. No logré entrar en ritmo y ya me había olvidado de gran parte de la materia anterior durante el verano.

Cuando llegué al examen, me estaba jugando la materia. Me fui a examen con un 54 y necesitaba solo un 50 para aprobar. Recuerdo ese momento en la sala con mis pocos compañeros que decidieron afrontar la situación e ir a darlo todo. Las miradas cuando te entregan las hojas son de ansiedad y preocupación. En ese contacto visual con el de al lado te das cuenta de que es el fin. No hay otra: moriremos en la batalla. Llené la hoja y traté de completar todo lo que sabía. Entregué mi examen y me fui a colportar. Al día siguiente me enteré de que estaba aprobado. No sé cuántos puntos saqué, pero aprobé con la nota mínima. Estaba feliz.

Invierno

Colporté todo ese invierno en Antofagasta. En la campaña éramos varios, pero lo mejor era estar cerca de mi amada. Fueron dos semanas intensas de despertarse a las 6:00 de la mañana y salir a colportar desde las 10:00 hasta las 21:00 h. Me fue bien, vendí varios libros que me habían quedado del verano y cerré con mucha ganancia.

Al terminar, me fui donde mis padres. Los días que estuve allí, aproveché de vender algunos libros a familiares que me compraron, y también le vendí al alcalde de Pica. Resulta que mi padre conocía un poco al nuevo alcalde y me llevó a su oficina. Hacía mucho que no había un cambio de alcalde, y quizá era un momento necesario.

La realidad es que “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”, como dice Lord Acton. Lamentablemente, aunque uno confiese alguna religión —como el alcalde anterior, que era adventista—, estar en el poder puede revelar aquello malo que está en nosotros, porque cuando uno está allí, nunca quiere dejar la silla del poder y hace todo lo posible para no salir.

Hay muchos libros que explican esto, pero uno de los mejores es El Señor de los Anillos. Allí se les entregan anillos a tres razas: elfos, enanos y hombres. Pero los más vulnerables al poder y los primeros en corromperse son los hombres. Esta es una realidad que Lutero llamó “depravación total”. La iglesia y la política no van de la mano, y en las profecías se revela esta unión como una bestia espantosa (Daniel 7; Apocalipsis 17). Al final, la política consume a los religiosos.

Cuando entramos a la oficina del alcalde, saludó a mi padre, se alegró de verlo y conversaron un poco. Después de la charla y de recordar algunas cosas, mi padre dijo que su hijo tenía un material bueno para presentarle. En eso se quedó callado y fue mi turno para dar a conocer cada uno de los materiales. Ahí empecé con todo el ánimo a presentar la colección de tres libros. Finalicé, hice el cierre como siempre lo hacía, y el alcalde dijo: “Ok, déjame estos tres libros y los pagaré con cheque”. Buscó su chequera y me hizo tres cheques. Salí con una sonrisa ufana, sintiéndome el mejor por un segundo. Estaba contento: ya tenía suficiente dinero para pagar el segundo semestre de mi carrera.

El amor

Cuando llegué a la universidad, me dirigí a la sección de finanzas, que en ese tiempo estaba en la biblioteca. Allí vi lo que necesitaba pagar para poder matricularme en el segundo semestre sin problemas. Luego me dirigí a caja, que se encontraba en el edificio del Aula Magna. Cuando llegué al cajero, le mencioné que venía a pagar mi carrera. En eso, le empecé a entregar diversos cheques que tenía, junto con algo de dinero en efectivo. Entre ellos, le mencioné que estaban los cheques del alcalde de Pica. No sé por qué lo dije. Tal vez sentía cierto orgullo de haberle vendido a una autoridad.

El hombre me miró y sonrió de manera irónica, como diciéndome: “no me interesa de quién son”. En eso, me dijo: “Esperemos que los cheques del alcalde de Pica tengan fondos”. No sé si no me creyó o simplemente no le gustaba la forma en que uno se pagaba sus estudios.

Cada vez que algún joven decía que se iba a pagar la carrera con colportaje, en caja y finanzas había ciertas personas que no creían, se mofaban y menospreciaban a los jóvenes que trataban de hacer un esfuerzo y confiaban en que un ministerio revelado por Dios podría ayudar a pagar su carrera. Siempre me molestó eso, aunque también tenían una medida de razón: no a todos los jóvenes les iba bien en el verano y no todos lograban pagar sus estudios.

En ese momento me acordé de lo difícil que era para mi novia llevar adelante sus estudios. No recibía ayuda de sus padres ni de familiares, y tampoco tenía becas ni el Crédito con Aval del Estado, con el cual la mayoría de los jóvenes pagaban sus estudios. Yo tenía ese crédito y lo usé solo el primer año de mi carrera.

Hubo una ocasión en que fue tan complicado para ella estudiar, que tuvo que entregar la casa y no tenía dónde vivir ni ninguna posesión o mueble. Una amiga trató de ayudarla alojándola en su casa y dándole un espacio en su propia pieza para que pusiera su cama. Pero como dije, no tenía nada, ni siquiera un colchón. La vergüenza de revelar esta situación la llevó a viajar a Concepción con su familia para pedir algo de ayuda a su mamá, quien con esfuerzo logró hacer algo para socorrerla.

Locura

Cuando el cajero me preguntó mi RUT y mis datos, después de pensar rápidamente, decidí en el instante dar los de Amada. Me acordé que en una predicación el pastor Bullón contaba la historia de un chico —el más feo de la universidad— que se enamoró de una chica linda. Él trabajó para pagar sus estudios del año, pero al ver que la chica que le gustaba no tenía cómo pagar su carrera, decidió congelar para que ella pudiera estudiar, sin esperar nada a cambio.

No creo que yo fuera el chico más feo de la universidad —siempre hay uno más feo—. Un hombre puede admirar, pero jamás reconocerá que alguien es más apuesto que uno. Tenemos nuestro orgullo. Pero, inspirado en aquella historia, decidí hacer lo mismo.

En ese momento, deposité cerca de 800.000 pesos en su cuenta, en distintos cheques y dinero en efectivo. A mi cuenta deposité otro monto y me fui a finanzas. Al llegar, entregué lo que había depositado en mi cuenta y, sin problemas, pude avanzar para continuar con mis estudios intensivos. Pero también entregué el depósito hecho a Amada. Cuando la encargada de finanzas lo vio, comprendió lo que estaba haciendo. No recuerdo si me preguntó algo, pero vi en su rostro una expresión de sorpresa y emoción por haber hecho algo así.

Al salir de la improvisada oficina, comprendí que cuando uno ama, está dispuesto a darlo todo por aquella persona. Creo que así funciona el verdadero amor. No necesita condiciones y está dispuesto a darlo todo sin retribución. El apóstol Pablo dice que no es egoísta, no se jacta, no se envanece; el amor todo lo puede (1 Corintios 13).

Inicié mis estudios avanzando hasta la segunda semana de agosto. Ya habían finalizado las campañas de invierno y Amada volvía de Antofagasta. Ese invierno a Amada le fue bien, pero no logró juntar todos los recursos que necesitaba para cancelar una deuda y seguir estudiando.

Cuando fue a ver el tema a finanzas, luego de haber depositado todo lo que tenía, estaba preocupada, triste, porque sabía que su meta era más grande. Debía juntar más recursos para poder seguir con sus estudios, y sabía, en el fondo, que no iba a poder continuar. El camino era congelar el semestre. Ansiosa, fue a buscar alguna oportunidad con la encargada de finanzas. Su corazón latía más rápido a cada paso hasta llegar al lugar.

En ese minuto, la encargada la miró con una expresión amable, traspasándole una tranquilidad. “Amada, siéntate”, y con una sonrisa le dijo: “Hace algunos días Esteban vino y depositó algunos cheques a tu cuenta. Tu deuda está cancelada. Puedes seguir estudiando”. Además, agregó: “Mira, me sorprende lo que hizo Esteban. Pocas veces ocurre algo así. Realmente, su amor es verdadero”. La emoción inundó el corazón de Amada. Sintió que realmente el Señor siempre es fiel, y que el amor puede hacer posible aquello que nosotros creemos que es imposible.

Recuerdo que después de salir del lugar, Amada me llamó emocionada, con lágrimas. Nos juntamos, y al verla así, también me emocioné. Nos abrazamos. Fue uno de esos abrazos que nunca se olvidan. Es el amor: ese momento de emoción intensa en el que te das cuenta de que la persona que tienes al lado es extraordinaria. Que Dios te bendijo con alguien que realmente te ama y valora.

Yo sabía que había ganado más. Esa chica era increíble. Hermosa como un sueño, luchadora como ninguna, sobre todo consagrada y amante de Dios y su obra. Cuando conoces a alguien así, no puedes dejar pasar la oportunidad. Dios te envía a esa persona correcta, que en las buenas y en las malas, en la prosperidad y en la dificultad, siempre estará a tu lado para apoyarte, levantarte si has caído y caminar contigo hasta la eternidad.

Ese invierno se selló una promesa de amor. Y aprendí que, hasta los feos somos bendecidos por ese Dios que hace milagros.

 

 

Publicar un comentario

0 Comentarios