Llamado
Todavía recuerdo el momento en que fui llamado al ministerio. Creo que es una experiencia que nunca se olvida. Había estado nervioso y un poco decepcionado porque ya había pasado diciembre de 2017, fecha en que se realizaban los llamados ministeriales a los nuevos integrantes del cuerpo pastoral. En el campo donde hice mi práctica, habían llamado solo a uno de los que hicimos la práctica ese año, y a otro que había estado trabajando por dos años. Yo me quedé esperando.
Mi presencia en el campo era un tanto extraña, jamás había trabajado en la AMCh. Casi toda mi carrera trabajé durante los veranos e inviernos en mi campo, en ese tiempo la Misión Norte de Chile, con excepción de dos veranos; uno antes de entrar a Teología, y el primer verano estudiando Teología, en los cuales colporté en Concepción.
Hice mi práctica en el departamento de Publicaciones. Ya en ese tiempo no era bien visto, porque se creía —y todavía se piensa— que Publicaciones no es una obra pastoral. Por eso mismo, me entregaron además una iglesia en la cual trabajar y hacer lo que se consideraba verdadera “obra pastoral”.
Cuando llegó enero de 2018, sabía que solo me quedaba seguir trabajando con todas las ganas para demostrar mi servicio y vocación. Me quedé ayudando en las campañas de colportaje, apoyando al líder, acompañando y capacitando a los colportores.
Fue a principios de febrero de 2018, cuando ya casi la esperanza de un llamado estaba perdida, que viajamos a Iquique para una capacitación de Publicaciones. Esta vez era distinto: se estaba implementando un nuevo programa llamado Consultor de Salud Familiar (CSF), el cual tenía el propósito de invitar a profesionales de la salud para que trabajaran con los libros de colportaje en un formato más profesional, combinando ambas cosas. La idea, que venía de la DSA, parecía buena. Se intentó implementar y al principio funcionó en algunos lugares. Pero fue un plan que fracasó en toda la División y quedó en el olvido. Ahora solo es un recuerdo de esos intentos por querer hacer algo nuevo que reemplace el llamado a ser colportor. Todavía recuerdo que uno de los directores quería comprar un carro tipo food truck e implementarlo para que los CSF fueran a distintos lugares a hacer consultorías. Menos mal que no alcanzó a hacerlo, porque lo cambiaron de función en otro campo.
Ya al finalizar las capacitaciones, ingresamos a una reunión de departamentales. Ahí estaba yo, medio colado, porque era el único que al final no estaba llamado. Tenía un compañero que también hizo la práctica en Publicaciones en otro campo, pero ya lo habían llamado como director asociado en la MCCh en diciembre de 2017. Solo yo había quedado “en el aire”.
En medio de la reunión, comencé a notar cómo mi director —con quien hice mi práctica— hablaba con el director de la Unión. Ambos conversaban y se escribían constantemente, como si algo les preocupara. Se reflejaba en sus rostros una molestia y a la vez una sorpresa, como si algo que habían acordado no estuviera funcionando. Mientras continuaba la reunión, ambos seguían comunicándose con expresiones faciales, escribiéndose debajo de la mesa, tratando de solucionar aquel problema que había desviado su atención.
En ese momento, el director de la Unión salió para hablar por teléfono y luego regresó. También lo hizo mi director. Se notaba que algo había pasado, pero nadie sabía qué, y tampoco preguntaban. Solo se continuaba con la reunión. Después de un tiempo, sonó mi teléfono: era el secretario del campo. Salí para contestar y mi director me miró con una sonrisa.
Al fin, esa llamada que tanto uno espera estaba ocurriendo, el llamado oficial para ingresar al ministerio. El secretario me dijo que se había votado mi nombre para unirme al ministerio como director asociado de Publicaciones. Un sueño hecho realidad. Volví alegre y emocionado, pero sin decirle a nadie. En ese instante, el director de la Unión detuvo la reunión y comenzó a decir: “Ustedes vieron que Esteban salió para contestar una llamada; era el secretario del campo, para decirle que fue llamado al ministerio”. En eso, no aguantó y se emocionó delante de todo el equipo, diciendo que habían estado esperando ese momento. Algo había estado pasando que casi impide que el llamado se efectuara, pero se realizó, y oficialmente era parte del equipo como obrero pastor. Mi director también estaba emocionado. A mí, por supuesto, me corrían las lágrimas. Fue un momento emotivo. El equipo me felicitó, me abrazaron e hicieron una oración por mí y por mi ministerio. Fue, como dije al principio, inolvidable.
Asamblea
La semana siguiente tenía que asistir a la asamblea de principio de año del campo. Era mediados de febrero. Estaba contento, no había nada mejor que ser parte del cuerpo pastoral como obrero.
La asamblea se hizo en un lugar distinto al habitual. Subimos hacia el Cajón del Maipo, a un lugar que se llama el Santuario del Río. Un lugar hermoso donde las montañas, el río y la naturaleza se unían para crear un ambiente único de tranquilidad. Sin dudas, era el lugar más adecuado para tener un entorno espiritual. Esto estaba en armonía con la forma en que se desarrolló la asamblea.
El programa que dirigieron los administradores no fue nada convencional. No era la típica forma de dar un espacio a cada departamental para que hablara de los planes del año y capacitaran en planificación. El énfasis estuvo en la búsqueda y comunión con Dios. Para lograr este objetivo, cada mañana al levantarnos y tener nuestro devocional personal, salíamos en conjunto a realizar ejercicio y a tener espacios de oración grupal e individual. Fue algo distinto que nos permitía orar los unos por otros, por los planes y por el poder del Espíritu Santo.
No solo eso fue lo bueno y diferente de la asamblea, sino que además tuvimos un orador especial: el reconocido pastor MV, una eminencia en teología y quizá el pastor chileno que ha llegado más lejos en niveles administrativos y de influencia en la Iglesia Adventista. Para mí era alucinante tenerlo allí y escuchar sus temas. En mi hogar, mi padre hablaba de los libros y la historia del pastor MV; siempre escuché que era un hombre sabio e inteligente. Su influencia era tan abarcadora y su legado tan profundo, que la Fundación Educacional de la ACSCh llevaba su nombre, y después la misma Facultad de Teología de la UNACH también se lo puso.
Los temas que abordó se enfocaron en la identidad de la Iglesia Adventista, con una combinación de profecía y la experiencia de quien analiza la iglesia desde una perspectiva amplia, que realmente entiende hacia dónde va la iglesia a nivel global. Jamás dejó de lado el aspecto misionero; esto está incrustado en el ADN de nuestra iglesia. También habló de la música, la cultura, la doctrina… y en cada palabra que mencionaba, el cuerpo pastoral asentía sin dudar, provocando en algunos un fervor por el mensaje que tiene nuestra iglesia.
Sin embargo, siempre hay quienes no están tan interesados ni por el mensaje ni por la persona. Allí me di cuenta de que hay pastores que, tras escuchar tanto tiempo lo mismo, quizá ya no encuentran interesante ni el mensaje ni quién lo predica. También observé a compañeros más jóvenes como yo no estar interesados. No valorar a quien tenían delante y el mensaje era algo que me incomodaba, pero como los conocía, sabía que nada los iba a cambiar.
En la iglesia y en el pastorado siempre hay de todo. No significa que sean malos, simplemente tienen otra forma de ver y actuar en la iglesia. Es otra generación, otro tipo de pastorado. Porque en el fondo hemos crecido y vivido en un mundo distinto al de la generación X, y sobre todo al de los baby boomers. Los millennials son un caso de estudio constante por psicólogos y sociólogos.
Fue especialmente en uno de los temas dados por MV que mi atención se volcó completamente a lo que estaba diciendo. Mientras hablaba sobre la identidad tradicional de la Iglesia Adventista, empezó a advertir sobre aquellas ideas liberales que se propagan en la iglesia.
El pastor MV se había hecho más visible en 2015, cuando apareció en un simposio sobre la ordenación organizado por Secrets Unsealed. El tema principal era la ordenación de la mujer al ministerio pastoral. Él se hizo reconocido por tener una postura contraria a la ordenación y defendió ampliamente su postura en esa serie de videos que aún se pueden encontrar en YouTube.
Ese año fue de tensión en el Congreso Mundial de la Iglesia Adventista. Se había organizado una Comisión de Estudio de la Teología de la Ordenación ,) desde 2013 para estudiar este tema, y todo debía resolverse en el Congreso Mundial. Existió una tensión entre el ala más tradicional y el ala liberal de la iglesia, a tal punto que en redes sociales no faltaban los alarmistas que hablaban de una posible fragmentación de la Iglesia Adventista. Recuerdo haber leído un libro interesante de Williams G. Johnson titulado: ¿Hacia dónde nos dirigimos? El adventismo después de San Antonio. Este libro abordaba todo lo que había pasado en el Congreso Mundial y mostraba el rumbo de la iglesia en el porvenir.
Todavía recuerdo cuando en la facultad nos reunieron para hablarnos de este tema y nos explicaron las dos posturas, mostrándonos qué pastores estaban a favor y en contra. Los profesores decidieron hacer una votación con todos los alumnos. El resultado fue 52 votos a favor de la ordenación y 51 en contra. Inesperadamente, ganó la ordenación de la mujer entre los alumnos de la Facultad de Teología. Aunque indeciso y sin comprender del todo la magnitud del tema, mi voto fue a favor.
En su discurso, el pastor MV habló especialmente de George Knight y su pensamiento. De manera directa, mencionó —casi como una orden— no leer sus libros. Esto debido a que, recientemente, Knight había publicado un documento titulado Las 9.5 tesis, donde hablaba sobre la iglesia y la dirección que estaba tomando. Yo leí el documento, y es cierto que era crítico con respecto al desarrollo del Congreso Mundial de 2015 y la decisión que allí se tomó, sin considerar todos los estudios que había realizado la TOSC. Sin embargo, su postura era válida. Era para analizarla, no para censurarla como lo estaba haciendo el pastor MV.
Al referirse al argumento de Knight, MV usó un razonamiento que me pareció espantoso. No podía creer que lo dijera alguien de su categoría. Mencionó que 9 más 5 daba como resultado el número 13, y que trece era el capítulo de Apocalipsis donde se encontraba la bestia y su número: 666. Pensamos que era broma, pero no lo era.
Ese momento captó todo mi interés. Mis sentidos se despertaron para confirmar lo que estaba escuchando. Es que no podía creerlo: no solo por la invalidez del argumento y su lógica —de hecho, 9 más 5 da 14, no 13—, sino porque no me parecía correcto censurar a un autor adventista de nuestra propia iglesia. La Iglesia Adventista se ha destacado por defender la libertad religiosa, de conciencia y de creencia. Creemos que el amor se basa en la libertad. Pensamos que la verdad es progresiva, que no está estancada, sino que seguimos avanzando, descubriendo nuevas verdades hasta que Cristo venga. Jamás hemos sido tradicionalistas; siempre hemos progresado en nuestras creencias.
Me di cuenta de cuán rápido y fácil a veces podemos caer en la intolerancia. No solo era el argumento, sino la forma de expresarlo, lo que me pareció lamentable. Quizá eran los ánimos, la vehemencia al hablar de lo que uno piensa que es lo correcto. Pero finalmente, esto era una pequeña muestra de la batalla constante en la iglesia entre los liberales más progresistas y los tradicionales más conservadores. Una batalla que se remonta a los tiempos bíblicos: solo es cosa de leer Hechos y Gálatas. Allí están esas dos figuras de liderazgo: por un lado Pedro, de la circuncisión, del ala tradicional; y por otro lado el progresista Pablo, del ala liberal, que podía juntarse con gentiles y no circuncidarlos.
Es interesante que en Hechos 15 se tuvo que hacer un congreso para resolver el asunto de la circuncisión. ¿Cómo se llegó a un acuerdo? No tanto por lo que estaba escrito, sino por los testimonios poderosos que presentaron Pablo y Bernabé. A veces, debemos ver cómo el Espíritu está actuando en la vida de las personas y los grandes frutos que se producen por su actuar. Y recordemos: el Espíritu actúa en quien Él desea, sin distinción de edad, género o raza.
En fin, mi primera asamblea fue tremenda: por la sorpresa de encontrarme con una eminencia, por los temas tratados y por la forma en que se censuró a un autor en un momento de vehemencia. He tenido varias otras asambleas que he disfrutado, pero creo que ninguna como la primera. Hay una batalla real en la iglesia que, como lo demuestra Gilbert M. Valentine en su libro Avestruces y Canarios, ha llevado a liberales y conservadores a un conflicto constante de censuras y acusaciones que debemos evitar, para cumplir con el mandamiento de amarnos los unos a los otros (Juan 13:34).
2 Comentarios
🙏
ResponderBorrarSe que lleva tiempo este artículo, Pero me genera miedo pensar que podríamos tomar malas decisiones solo por no saber faltar las informaciónes que vamos adquiriendo, tantas cosas que podrían llegar a suceder en la búsqueda de que es lo correcto, oramos por aquellos que tienen mayores responsabilidades en la iglesia mundialmente.
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