“Sino fueren como niños no entraran en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).
Cuando Lucy y sus hermanos regresan a Narnia en el cuarto libro titulado “El príncipe Caspian” se dan cuenta que han pasado cientos de años desde su partida. Narnia ya no es la de antes, se encuentra gobernada por Miraz un rey tirano y los Telmarianos. En esta travesía un enano, quien fue al encuentro de los antiguos reyes aparecidos, les cuenta todo lo que ha pasado en Narnia y la historia del príncipe Caspían quien los invocó con el cuerno de la reina Susan, mientras se dirigían a Narnia. En su trayecto pierden el camino en medio del bosque. Es en ese momento donde ocurre algo importante, perdidos sin saber a quién acudir ni donde ir, Lucy quien era la más pequeña de los hermanos, logra visualizar a Aslan el león. Nadie puede confundir la mirada y la presencia de Aslan, entonces, Lucy les indica el camino a sus hermanos, pero ellos juntos con el enano no le creen a la pequeña, puesto que nadie más logró ver al León. Solo la fe sincera de Lucy logró verlo. En ese momento deciden hacer una votación; si ir por el camino indicado por Lucy para llegar a Aslan o ir por otro camino. La mayoría decide ir por otro camino, solo Peter apoyo a la pequeña Lucy. Triste la pequeña se resigna a avanzar por el camino indicado por sus hermanos y el enano.
Luego de avanzar y pasar por diversas pruebas en su trayecto, Aslan se presenta nuevamente a Lucy. Esta vez ella decide seguirlo mientras sus hermanos dormían en medio del bosque. Cuando Lucy encuentra al León inmediatamente le pide perdón por no seguirlo. Aslan le recalcó que debió haberlo seguido al instante. En ese momento Aslan le indica que se dirigiera donde sus hermanos y los despertara para indicarles que él estaba allí junto a ellos. Una obediente Lucy va y despierta a sus hermanos, pero nadie logra ver a Aslan, solo ella. Aquí esta lo interesante del relato. Solo aquellos que confían plenamente y obedecen pueden seguir a Aslan. En el libro de Hebreos se comenta que Moisés se sostuvo como “viendo al invisible”. Allí esta Aslan invisible a los ojos de los hermanos, pero debían seguirlo solo por la fe y a medida que avanzaban por el camino y le obedecían, los ojos de la fe podían ver aquello que era invisible para la simple vista humana. Para su gran sorpresa uno a uno los hermanos fueron reconociendo en su trayecto que quien iba delante de ellos guiándolos era Aslan.
Esta es la manera de actuar de Dios, jamás nos abandona, siempre va delante de sus hijos conduciendo su vida en cada paso y trayecto, pero solo los ojos de la fe logran reconocerlo, porque la fe es: “la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve”. Y para ver a Dios necesitamos la obediencia como la de un niño, quien se lanza a los brazos de su padre sin pensarlo, quien va dispuesto a la aventura porque sabe quién está a su lado. El problema de los hermanos de Lucy es que dudaron y ese fue su gran error. ¿De dónde viene la duda? Esta nos llega con la adultez, al madurar perdemos la fe y la creatividad, la adultez nos invita a la vida racional y dejar las fantasías infantiles, lo hermanos de Lucy han caído en ese estado. En estos tiempos modernos los mayores exaltamos la duda como una virtud. – Esta bien dudar – decimos, - siempre hay que confirmar las cosas- afirmamos, y tratamos de unir la fe y la razón moderna como algo positivo, digno de alabanza. De este tema en particular ya nos escribía Bonhoeffer: “La duda y la reflexión toman el lugar de la obediencia espontánea. El hombre adulto con su libertad de conciencia hace alarde de superioridad por encima del niño obediente… En resumen, es retirarse de la realidad de Dios hacia las especulaciones de los hombres, de la fe a la duda”.
Hoy en día exaltamos la creencia intelectual, pero dejamos de lado la relación viva con Dios. Nuestro sistema doctrinal debe ser perfecto, que todo encaje, que al exponerla a la mente racional pueda aclarar las dudas y ser comprensible cognitivamente. En estos tiempos nos jactamos de la duda y la reflexión ante la obediencia espontanea de un creyente. Lucy no logra avanzar porque la presión social de los mayores no la dejan ir con Aslan. Pensamos que dudar está bien, que pensar antes de tomar una decisión por Dios es lo correcto. Pero los ejemplos bíblicos son claros. Pedro dejó sus redes, Mateo dejó su trabajo, Abraham dejó su casa y su ciudad y se fue a una tierra desconocida, luego tomo el cuchillo y casi mata a Isaac. No hay nada de racional en esto, pero la fe verdadera obedece y de la obediencia nace la fe y esta es la única forma de entrar al reino de los cielos.
La duda solo nos estancará, pero la fe nos llevará al verdadero cumplimiento del propósito de Dios en nuestra vida. La duda no es una virtud sino el mal de este siglo. En un mundo que duda, se necesitan hombres y mujeres de fe que confíen como niños, que se sostengan avanzando en el discipulado como viendo al invisible y que inviten a otros a avanzar puesto lo ojos en Jesús el autor de la fe.
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