Iglesia y Estado en Chile: A 100 años de su separación

  

           En la Palabra profética de Dios no hay cosa más horrorosa que la unión de la Iglesia y Estado. En Daniel la institución que nació cuando el cristianismo se unió al Estado es presentado como un cuerno pequeño que habla palabras contra el altísimo, persigue a su pueblo e intenta cambiar la verdad de la ley de Dios (Daniel 7:25). Pablo presenta a esta misma institución como el hombre de pecado que se levanta contra todo lo que viene de Dios (2 Tes. 2:3-4) y Juan lo representa en su última etapa como una mujer ebria de la sangre de los mártires dominando a una bestia (Ap. 17:3-6). Esta es la fiel imagen de que la religión cuando se une al Estado siempre lo domina y termina convirtiéndose en un poder que proclama la verdad absoluta y persigue a aquellos que considera herejes. 

Daniel y Apocalipsis nos muestran que este poder tendría un periodo de tiempo para gobernar: “tiempos, tiempos y medio tiempo” (Daniel 12:12:7) o “42 meses” (Ap. 13:5). Lo cual da como resultado profético 1260 años. Este lapso inicio en el año 538 d.C y terminó en 1798 d.C cuando se acaba la hegemonía papal sobre los poderes terrenales. Juan vio que a esa bestia de Apocalipsis 13 se le daba una herida mortal, y desde allí su poder declinaría en las naciones (Apo. 13:3) Esto se fue cumpliendo poco a poco, cuando las naciones de Europa y luego los últimos legados del europeísmo en América fueron dejando atrás a la iglesia católica como la oficial, resultando en la separación de los estados de la iglesia. 

 Aunque a través de sus encíclicas como Quanta Cura (1864) el papado trató de defender su postura condenando las ideas de la era moderna, y realzó su poder e infabilidad en el Concilio Vaticano I (1869-1870). Lo cierto era que su hegemonía medieval fue perdiendo fuerza frente a los nuevos pensamientos de un mundo cambiante.

 En Chile, la libertad religiosa fue fruto de un arduo trabajo de un conjunto de ciudadanos de distintas creencias, los cuales resaltaron que para el bienestar del país era necesario separar la Iglesia del Estado. 

Este 2025 se celebran 100 años de libertad en Chile, la libertad sagrada de elegir adorar a Dios según los dictámenes de nuestra propia conciencia. Es el derecho básico más fundamental porque ni Dios nos obliga a adorarlo. Él nos da libertad, y los adventistas tenemos un largo legado de defensa de la libertad religiosa de todas personas en el mundo. Es por esto que haremos un breve repaso histórico de cómo se dio la separación de la Iglesia y el Estado en Chile.


La cuestión del sacristán y el Chile liberal

Desde comienzos de la república existió una tensión en el ala conservadora política, entre aquellos que se consideraban regalistas, que afirmaban que el Estado tenía regalías sobre la Iglesia como el patronato el cual facultaba al presidente para designar a los obispos del país, y los conocidos ultramontanos quienes afirmaban una supremacía del Papa y la Santa Sede por sobre el Estado. 

El punto de clímax de esta antiquísima disputa se dio por un asunto irrisorio, casi caricaturesco conocido en la historia como “la cuestión del sacristán”.

En enero de 1856 el sacristán menor Pedro Santelices fue despedido porque su hijo decidió junto a unos amigos romper un lucernario de la sacristía de la catedral de Santiago, yéndose directo donde se encontraba el sagrado vino de la santa misa. Estando con el vino deciden bebérselo sin pudor. En ese momento el Sacristán mayor los descubre celebrando en estado de ebriedad y esto repercutió en el despido de Santelices.

No conforme con el despido, Santelices se quejó ante el cabildo metropolitano, y este lo reincorporó a sus servicios.[1] Sin embargo, el canónigo tesorero volvió a apelar al vicario general subrogante y este confirmó la expulsión del Sacristán. Esta batalla continuaría ya que dos canónigos del cabildo metropolitano insistieron en reponer al sacristán apelando al obispo de La Serena, pero con la amenaza de que presentarían un “recurso de fuerza” ante la corte suprema si se les negaba la apelación.[2]

Esto causó un revuelo en los medios, ya que un asunto privado de competencia de la iglesia fue a parar a un tribunal ordinario del Estado de Chile. Cuando el arzobispo Valdivieso llegó de una visita pastoral a tratar la cuestión, intentó convencer a los dos canónigos de dar marcha atrás pero el asunto ya estaba zanjado y Valdivieso excomulgó a estos dos canónigos reafirmando la decisión de despedir al sacristán.

El conflicto Estado e Iglesia se agrandó porque la corte suprema acogió el caso, pese a que el arzobispo Valdivieso solicitó en un escrito que la corte rechace el recurso por ser un asunto espiritual.[3] La prensa en Chile se ocupó de dar a conocer el paso a paso de este tema. Finalmente, la corte suprema falló a favor de los dos canónigos. Valdivieso, aunque trato de convencer nuevamente a los canónigos de dar marcha atrás y restituirlos, no fue escuchado. El arzobispo se encontraba en una encrucijada sobre decidir obedecer al Estado y reconocer así su autoridad por sobre los dictámenes de la Iglesia o desacatar y exponerse a la pena de extrañamiento, lo cual significaba el exilio forzoso del país. 

Valdivieso decidió mantenerse firme y pedir amparo al presidente Manuel Montt. Esté ultimo no quiso intervenir en el asunto apelando a que el poder judicial era independiente del ejecutivo.[4]

La corte suprema le dio 72 horas al arzobispo Valdivieso para dejar el país. Ante esta escandalosa noticia, algunos acusaban de persecución contra la iglesia defendiendo al arzobispo, las mujeres de la aristocracia fueron vestidas de luto y con lágrimas de sangre ante la casa del arzobispo, llorando su salida y reclamando contra el presidente Montt. Todo era un caos en Chile. Los conspiradores creían que este era el momento perfecto para tomar las calles en una revuelta. El gobierno de Montt asustado por una crisis inminente decidió actuar, enviado a Joaquín Tocornal, superintendente de La Moneda, a negociar con los canónigos para que disintieran de su causa. Tocornal tuvo éxito y los canónigos retiraron su recurso de fuerza. El arzobispo Valdivieso como respuesta les levanto la suspensión y la crisis se aliviano.

No obstante, dentro del ala conservadora se sufrió un quiebre irreparable. Los ultramontanos que en todo el episodio de la cuestión del sacristán apoyaron al arzobispo y la iglesia, se separaron formando el partido conservador. Por otro lado, los regalistas que estaban del lado del Estado, el presidente Montt y su ministro Varas formaron el partido nacional conocido como Montvarista. Esta disputa llevaría a que los ultramontanos ahora el partido conservador clerical hiciera una alianza insólita con los liberales para disputar las próximas elecciones que llevaron a José Joaquín Prieto a la Presidencia. Con esto se da inicio el periodo liberal en Chile en el cual se ve realizado el primer gran cambio al promulgar el año 1865 la ley interpretativa del artículo 5° de la constitución de 1833. Esto permitió la tolerancia de cultos no católicos en privado y la libertad de enseñanza religiosa en escuelas privadas.


Las leyes laicas

En la década de 1870 hubo una verdadera lucha religiosa tratando temas como los matrimonios mixtos entre católicos y disidentes, cementerios laicos, la educación e instrucción religiosa, la supresión del fuero eclesiástico y la reforma del Código Penal que incluía delitos penales para los clérigos.[5] Esta tensión aumentó con la muerte del arzobispo Valdivieso en 1878 y la elección de su sucesor.

Por otra parte, los evangélicos en la voz de reverendo David Trumbull jugaron un rol importante en la discusión del proceso de secularización en Chile. “La laicización de la sociedad chilena fue uno de los dos grandes objetivos que se planteó Trumbull”.[6] A través de la prensa fue reconocido por dar la batalla de las ideas[7] en favor de la libertad religiosa.

Por medio del diario la Alianza Evangélica, los evangélicos siguieron de cerca la política nacional, expresando sus ideas en cuanto al proceso secularizador que estaba viviendo Chile en la época del presidente Domingo Santa María. En una insólita alianza de evangélicos, masones, liberales y radicales[8] se ejercía una fuerte presión para separar la Iglesia del Estado.

En el año 1882 se produjo en quiebre en las relaciones diplomáticas de Chile con la Santa Sede producto de la elección del arzobispo de Santiago, ya que el Vaticano no quiso reconocer al candidato del gobierno Francisco Taforó,[9] faltando de esta manera al derecho de patronato del presidente. Producto de esto vendría los que se conoce como “leyes de represalia” o “leyes laicas”.

 Para 1883 las relaciones entre la Iglesia y el Estado estaban completamente rotas.[10] Debido a esto, se aprovecharon de dictar en el gobierno de Santa María entre 1883 y 1884, tres leyes que le restaron poder a la iglesia católica en Chile: 1. Ley de cementerio civil 2. Ley de matrimonio civil y 3. ley de registro civil. Además, el presidente presentaría una reforma constitucional para separar ambos poderes, pero conservando el patronato y el presupuesto de culto.

La discusión sobre el proyecto de separación de Iglesia y estado en 1884 fue un punto álgido en el país. El historiador y político Miguel Amunategui consideraba que “desde la Independía acá este es el asunto más grave que hemos debido dilucidar”.[11] Estas palabras son relevante en el contexto en el cual se encontraba Chile, ya que venía saliendo victorioso de la guerra del Pacifico (1789-1883) que ayudó a la joven República a darle unidad e identidad. José Victorino Lastarria pensaba de forma similar al expresar que “La separación de la Iglesia y del Estado es el problema por excelencia, el más complejo que puede presentarse a una nación que haya vivido bajo el régimen de una iglesia oficial, con religión de Estado y sin libertad de cultos… Por eso se ha dicho con verdad que la separación de la Iglesia y del Estado no es una reforma política, sino una Reforma Social”.[12] 

En la discusión sobre la derogación del 5° artículo de la constitución que se llevó a cabo en la cámara de diputados y senadores, tuvo una amplia participación el ministro del interior José Manuel Balmaceda. El ministro busca una separación de Iglesia y Estado gradual, que mantuviera el patronato y el presupuesto de culto, mientras había quienes opinaban que la separación debía ser absoluta. Finalmente, ambas cámaras aprobaron el proyecto de una derogación gradual llevado por la presidencia. Sin embargo, aunque la reforma fue promulgada el 4 de noviembre de 1884,[13] no fue ratificada por el congreso elegido para la legislatura siguiente (1885-1888). 

Frente a esta promulgación hubo una amplia decepción de parte de los sectores radicales de la política y el mundo evangélico, quienes abogaban por una separación absoluta. Para 1888 nuevamente fue discutida la ratificación del cambio del 5° artículo de la constitución, pero otra vez el proyecto fue abandonado. Esto llevó a que se generará “el gran defraudamiento” del mundo evangélico con el entonces presidente José Manuel Balmaceda, quienes ahora estaban en abierta oposición a su gobierno”.[14]  

Para ese entonces, en el mundo católico y conservador se había estado gestado una animadversión profunda hacia la persona de Balmaceda, producto de su participación en las leyes laicas y la reforma constitucional. Algunos sectores mencionaban que se les había enseñado a odiar al presidente Santa María y a su ministro Balmaceda.[15] Este odio con raíces religiosas, se radicalizó para el final de su gobierno en 1891. El presidente fue acusado de dictador y se produjo una guerra civil en Chile entre el parlamento y el presidente, lo cual produjo la muerte de más de 10.000 personas. La guerra culminó con el suicidio del presidente Balmaceda el 18 de septiembre de 1891 en la embajada argentina, dando fin al presidencialismo portaliano que había caracterizado la historia de Chile, e iniciando el periodo que se conoce como el “parlamentarismo a la chilena”, el cual duraría hasta el establecimiento de la nueva constitución en 1925.

Para 1888 mientras Chile se olvidaba de ratificar la libertad de cultos, la Iglesia Adventista a través del pastor A. T. Jones se caracterizaba por la defensa de la libertad religiosa ante el congreso de los Estados Unidos debido a las leyes dominicales que se buscaban establecer en el país. 

En su fin de llevar el mensaje del tercer ángel a todo el mundo hasta lo último de la tierra, la iglesia adventista envío sus primeros misioneros a Chile en diciembre de 1894. Los colportores Frederick Bishop y Thomas Davis pudieron realizar su misión con bastante en éxito en un país que tenía mayores libertades religiosas y que permitía la libre predicación del evangelio. Su mensaje esparcido a través de la venta de publicaciones en una nación que estaba prosperando con el salitre obtenido debido a la apropiación geográfica tras la guerra del pacifico, llegó a muchos hogares lo cual permitió establecer la primera congregación adventista en Huara, al norte de Chile. 


El león de Tarapacá y la nueva constitución

La figura de Arturo Alessandri Palma, conocido como el león de Tarapacá ganó preeminencia en el Chile de principios del siglo 20. Alessandri había sido tres veces diputado y una vez Senador cuando con un discurso considerado populista háblala en contra de las elites del parlamentarismo al cual el mismo pertenecía. Tenía algunas frases célebres como “mi querida chusma” para referirse al pueblo y la “canalla dorada” haciendo alusión a la élite gobernante.

Su popularidad en un periodo crítico lo llevó a ser el representante de la coalición liberal para la presidencia. Dentro de sus propuestas presidenciales estaba la de reformar la constitución y separar la Iglesia del Estado.

           En su primer discurso como candidato donde expreso su programa de gobierno, Alessandri señalaba: “Debemos de concluir la obra de laicizar todas nuestras instituciones, sin propósitos de persecución, sin provocar odios ni divisiones en la familia chilena, inspirándonos sólo en el sagrado espíritu de tolerancia que, en la lucha de las ideas, es tienda bajo la cual pueden cobijarse todas las conciencias a respirar el aire puro de la libertad”.[16] Sobre estas temáticas volvió a insistir en sus discursos de 1921, 1923 y 1924. En este último enfatizó el envío de una reforma constitucional al nuevo congreso tratando la separación de Estado e Iglesia para “finalizar la laicización de las instituciones, iniciadas el año 1874 y bruscamente interrumpidas en 1891”.[17] 

           El discurso de Alessandri iba a ser enfrentado arduamente por el mundo católico. En una carta pastoral titulada “El retroceso social: El laicismo imperante lleva a la sociedad a una ruina inminente”, el obispo de Concepción Gilberto Fuenzalida habló sobre como el laicismo era una enfermedad para la sociedad, un problema que degradaba al ser humano. El obispo termina su carta haciendo una apelación a volver a Dios y mencionado: “miramos con pavor el desarrollo de los acontecimientos futuros”.[18] En este último mensaje tenía razón debido a los sucesos que vendrían más adelante en el gobierno de Alessandri.

           En la etapa final de su periodo de gobierno se iniciaron varios conflictos que culminaron con el famoso “ruido de sables” realizado por los militares a principios de septiembre de 1924, los cuales buscaban que sus demandas por mejoras fueran atendidas de forma inmediata. A esto le siguió un golpe de estado que disolvió el parlamento y causó la renuncia del presidente Alessandri el 11 de septiembre. No obstante, esta renuncia no fue aceptada y se le dio un permiso temporal para estar fuera del país.

Tras el fracaso de una junta militar para reformar el país, la historia de Chile atestiguo un segundo golpe de estado por parte de militares reformistas, quienes depusieron la junta militar y trajeron de vuelta al presidente. Alessandri volverá de su exilio para terminar su periodo con la condición de llevar a cabo el proyecto de una nueva constitución.


Alessandri y las negociaciones con el vaticano

Al finalizar su exilio de seis meses, el presidente Alessandri se reuniría con el papa Pío XI en el Vaticano para tratar el tema de una nueva constitución. En sus recuerdos Alessandri escribe que le expresó al papa “la absoluta necesidad de reformar la constitución o hacer una nueva sobre la base de la completa separación entre la Iglesia y el Estado...”. Sin embargo, al querer seguir fundamentando su tesis el Papa lo interrumpió delegando el asunto al cardenal secretario de estado Monseñor Gasparri.[19] 

En la entrevista privada con el Cardenal Gasparri, que se realizó en casa de Ramón Subercaseux, embajador de Chile. Alessandri planteo nuevamente la separación de Estado e Iglesia, pero manifestando que deseaba encontrar la solución en armonía con la Iglesia.

El cardenal fue sincero al expresar que en su religión y dogma no puede aceptar tal separación, pero como era un hecho, lo único que podía solicitar era que se efectuara esta separación en las mismas condiciones que está en Brasil.

Alessandri se puso en pie y le dijo “Convenido Eminencia”. Después tomo un papel y le dijo al cardenal que pusieran sus fórmulas para la separación. El presidente se fue feliz a Chile con su papelito en el bolsillo, el cual definió la separación de la Iglesia y Estado, derogando por fin el articulo 5° de la constitución del 33.[20] En su regreso a Chile el León de Tarapacá fue ovacionado por las multitudes y comenzó de inmediato el proyecto.


Discusiones de la comisión de la constitución de 1925 sobre la secularización de Chile

           Lo que más caracterizo a esta nueva constitución no fue proclamada uninacionalidad, tampoco el centralismo basado en Santiago, ni siquiera la vuelta a un presidencialismo excesivo que ha caracterizado a la historia de Chile y a sus instituciones públicas, inclusive religiosas. Sino la separación entre Iglesia y Estado. Esta es la cumbre de la nueva carta magna, es el gran cambio del siglo 20 en la sociedad chilena.

El proceso de hacer una nueva constitución consistió en la creación de una convención consultiva de 122 participantes entre parlamentarios, dirigentes políticos y gremiales. Luego se crearon dos subcomisiones: una de Organización que sesionaría 4 veces y la de Reforma que sesionó 33 veces. En total fueron 41 sesiones que estuvieron presididas por el presidente.[21] 

           La vigésima cuarta sesión de Comisión de Reforma trató el tema de la secularización del estado. Esta sesión se llevó a cabo el 23 de junio de 1925 comenzando a las 16:00 H. 

           El presidente Alessandri comenzó la sesión leyendo la propuesta de norma constitucional que finalmente quedaría aprobada. La primera intervención la tuvo Briones Luco, al afirmar que el partido radical ha instituido que, al separarse la Iglesia del Estado, los bienes de la Iglesia sean cometidos al derecho común y no solo los futuros bienes. Este fue el primer debate de la comisión. Briones insistía en someter a la iglesia al sistema de patronato si esta mantenía sus bienes. Alessandri recalcaba que la formula presentada era correcta, por lo cual ya era una ganancia para los partidos liberales, recordando que las leyes deben suscitar las menores resistencias posibles.[22] Sin embargo, Briones no estaba a gusto con tal indicación al ver la riqueza y el poder que tenían la iglesia católica.

            Un segundo punto de discusión lo puso Silva Cortes quien propuso un artículo transitorio para que “durante veinte años el Estado de a la Iglesia católica una subvención anual de dos millones quinientos mil pesos, desde que se suprimiera el presupuesto de culto”.[23] Además, como buen conservador católico declaró lo siguiente: “El sistema de separación, repugna al orden del universo, a la sagrada Escritura y a la Tradición. La iglesia Católica, Apostólica, Romana no acepta jamás como principio la separación. No puede derogar el derecho divino o natural”.[24] 

           Silva Cortes hablando también en nombre de Vidal Garcés continúo expresando su profundo dolor como cristiano ante la separación. Lamentó en su alma cristiana “al encontrase en el caso práctico inevitable de una mayoría de hombres dirigentes de su patria que, en la necesaria, urgente ye imprescindible reconstrucción de las instituciones nacionales, no quieren conservar el régimen de unión cordialidad, y mutuo apoyo entre el Estado y la Iglesia Católica, Apostólica, Romana”.[25] 

           Este segundo punto fue rebatido inmediatamente por Briones Luco, quien creía que la formula era excesivamente positiva para la iglesia. Vicuñas Fuentes apoyo a Briones considerando que lo que más se podía dar a la iglesia era una única compensación si se llegaba a irrogar. En cuanto a la subvención pensaba que no habría daño hacia la iglesia, porque si el Estado suprimía un servicio público lo único que haría sería una indemnización por una única vez y no por un tiempo prolongado. Del otro lado, Silva Cortes enfatizaba que la supresión del presupuesto de culto causaría un daño a los curas que tenían su asignación en base a ese presupuesto. Su propuesta era en base a la justicia para quienes dependían del presupuesto anual hacia la iglesia.

            Viendo el perjuicio que haría la separación de Iglesia y Estado con la supresión de la ley de presupuesto de culto, el presidente Alessandri en consideración del Arzobispo de Santiago, (quien según Alessandri merecía el respeto de católicos y no católicos de chile y el homenaje de la América entera por haber terminar con las luchas religiosa) propuso un periodo de transición de 5 años como máximo.[26] 

            Esta última propuesta quedó aprobada por el pleno de la comisión. Amunategui pidió que se deje constancia en el acta el “homenaje de respeto y de cariño que todos los miembros de la Comisión tributan en honor de S. E. (Su Excelencia) el Presidente de la República y del Arzobispo de Santiago, por la manera tan elevada con que han llegado a un acuerdo que será de perdurable memoria, por los beneficios que acarreará al país”.[27]


Votación por una nueva constitución

            El 30 de agosto de 1925 se levantaron a votar 134.421 hombres de un total de 3.753.799 habitante que tenía la población chilena según el informe estadístico del censo de 1920.[28] Del total de chilenos solo podían votar hombres mayores de 21 años que supieran leer y escribir, los cuales eran una población de 618.660 hombres. De ese total habían solo 296.259 inscritos en el padrón electoral, que representaban el 47,8% de los posibles votantes. La abstención en la votación fue de un 54,63%, lo cual causó algunas críticas por la baja participación en los comicios.[29] 

           La votación se dividía en tres cedulas distinguidas por colores: rojo, azul y blanco. La roja era la aprobación completa del proyecto sin modificación; la azul era aceptar el proyecto, pero con régimen parlamentario y la blanca era el rechazo a la nueva constitución.[30] 

Pese a la baja participación, la nueva constitución fue aprobada por el 94,84% de los votantes, que prefirieron la cedula roja aceptando el proyecto de nueva constitución completo.[31] 

Es interesante notar como el censo de 1920 proyectaba la religión de los chilenos de aquel tiempo. Lo podemos ver en el siguiente recuadro que muestra la población chilena y extranjera con distinción de sexo:

Profesión

Culto

Chilenos

Extranjeros

Total

H

M

T

H

M

T

H

M

T

Católicos

1.714.476

1.789.715

3.504.182

58.084

35.634

93.718

1.772.551

1.825.349

3.597.900

Protestantes

20.145

17.406

37.551

11.140

5.474

16.614

31.285

22.880

54.165

Ortodoxos

82

43

125

587

195

782

669

238

907

Judíos

255

216

471

921

746

1.667

1.176

962

2.138

Mahometanos

41

12

53

302

47

349

343

59

402

Budistas

47

19

66

1.184

49

1.233

1.231

68

1.299

Positivistas

47

22

69

3

-

3

50

22

72

Sin religión

53.770

37.076

90.846

4.752

1.318

6.070

58.522

38.394

96.916

Total

1.788.854

1.844.509

3.633.363

76.973

43.463

120.436

1.865.827

1.887.972

3.753.799


Como vemos, la mayoría de la población de Chile era católica en esos días sumando un 95,8% de los habitantes. Los protestantes alcanzaban solo el 1,44% de la población total. Los sin religión alcanzaban el 2,58% y el restante el 0,12%. Por lo tanto, vemos como la propagación de la idea de separar el Estado de la Iglesia fue llegando y popularizándose en los habitantes del país. Al menos entre los hombres participantes del plebiscito.

Por otro lado, también podemos analizar la cantidad de personas que se dedicaban alguna profesión relacionada a la religiosidad como lo muestra el siguiente recuadro:

Profesión

Culto

Chilenos

Extranjeros

Total

H

M

T

H

M

T

H

M

T

Eclesiásticos

634

-

634

243

-

243

877

-

877

Ministros Disidentes

30

5

35

39

6

45

69

11

80

Religiosos

702

2.323

3.025

667

820

1.487

1.369

3.143

4.512

Sacristanes

131

-

131

4

1

5

135

1

136

Total

1.497

2.328

3.825

953

827

1.780

2.450

3.155

5.605

                  

            Se puede deducir que había 1 eclesiástico católico (sacerdote, cura, obispo) por cada 4.280 habitantes. En cambio, solo había un ministro disidente por cada 46.922 habitantes.

            Desde la perspectiva adventista los reportes estadísticos de 1925 de la iglesia adventista mundial muestran que la Asociación Chilena, estaba representada por 14 iglesias, 1.021 miembros, 160 personas bautizadas en aquel año, 7 pastores ordenados, 4 pastores con licencia ministerial, 4 con licencia misionera y 9 colportores.

 Por lo tanto, los adventistas en ese año representaban solo el 0,02% de la población chilena, y había 1 pastor adventista por cada 250.253 habitantes. Los cuales fueron testigos de un momento histórico en la sociedad chilena, cuando el presidente Alessandri promulgó la nueva constitución el 18 de septiembre de 1925.


Reacción de los obispos ante la separación

Dos días después de la promulgación de la nueva constitución, específicamente el 20 de septiembre, sale a luz pública la Pastoral Colectiva de los Obispos de Chile, sobre la separación de Iglesia y Estado. Documento que comenzaba diciendo: “En adelante deja de reconocer el Estado como religión oficial a la Iglesia Católica: ciertamente no debía esperar esto la verdadera Iglesia de parte de una sociedad formada y organizada por ella.”[32] Luego continua con un repaso de la influencia de la constitución del 1833 que ayudó a mantener al país en estabilidad política, pero que también tenía principios vejatorios para la iglesia como el patronato. En ese sentido la actual constitución dejaba atrás el principio de patronato, pero a la mirada de los obispos era repudiable que no se distinguiera a la iglesia “única y verdadera” de las “sectas y religiones falsas”. 

Los obispos terminan su carta enfatizando “El Estado se separa en Chile de la Iglesia; pero la Iglesia no se separará del Estado y permanecerá pronta a servirlo”. 

Esto fue el término de una era de apogeo católico desde las colonias, que continuo en los días de la independencia, pero que llegaba su final luego de años de luchas de evangélicos, liberales y radicales quienes abogaban siempre por una separación que trajera igualdad y libertad a la nación que llevaba poco más de 100 años de su independencia. 


La Iglesia Adventista y la separación de Estado e Iglesia

En medio de toda la agitación política que estaba a travesando el país. La Revista Adventistainformaba en mínimas porciones la situación sobre la nueva constitución en Chile.

La sección de “Noticias generales” de La Revista Adventista del mes de Julio de 1925 cita el diario El Mercurio de Chile mencionando que “después de manifestar la forma en que se realizará la separación del Estado y la iglesia en Chile conforme a la nueva constitución dice que conviene a la Iglesia católica dicha separación. Pues en todos los países donde el catolicismo no sea la religión del estado, como en los Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Francia tiene mucha más vitalidad y cohesión, y como prueba adicional dicho periódico cita también al Brasil, donde el catolicismo se ha fortificado mucho desde su separación del Estado.[33] 

En ese mismo mes el pastor Roscoe T. Baer quien había sido el tercer presidente de la Asociación Chilena informaba en La Revista Adventista lo ocurrido en la reunión anual de la Asociación Chilena realizada en Santiago del 14 al 19 de mayo. Allí se presentaron diversos informes del avance de la obra de los distintos departamentos. Una vez terminada la reunión los delegados se fueron a Chillán para visitar la obra educativa en Chile. Luego los delegados de la Asociación General y de la División se dirigieron al Norte y los del a Unión hacia el sur de Chile.[34] 

Dentro de la sección el mundo al día de La Revista Adventista del mes de agosto de 2025 se menciona que “el vaticano sigue con intenso interés el desarrollo de los acontecimientos en la situación chilena, pues se proyecta separar allí el Estado de la Iglesia. Se afirma que, “el vaticano, en realidad prefiere una separación completa, como rige en Estados Unidos y Brasil, facultándose a la iglesia de que goce de plena libertad, a cualquier otra forma de protección del Estado hacia la Iglesia, en que, como ocurre en la Argentina, aquella lleva un propósito de ingerencia de Ejecutivo en asuntos Eclesiásticos”.[35] 

Exactamente en el mismo mes salía un artículo sobre la obra en Chile del quinto presidente de la Asociación Chilena, el pastor W. E. Hancok. En su artículo reconoce no escribir hace mucho en la revista y comienza agradeciendo el trabajo del año pasado y los primeros meses de 1925. Menciona que el 2024 fueron bautizadas 86 personas y la meta para el presente año iba a ser de 150 almas, (lo cual sería sobrepasado, según el reporte del año).[36] Además, da a conocer lo alcanzado en diezmos y ofrendas del año pasado y la meta de 1925. A continuación, comienza a mencionar lo destacado de la obra en todo el territorio chileno destacando que cada vez hay más interesados y existe una mayor necesidad de obreros. El pastor termina diciendo “estamos de buen ánimo en el Señor y contentos de poder ayudar en la terminación de la obra en Chile”.[37] Como se puede ver la única preocupación de los lideres de la iglesia y la hermandad tiene que ver con el avance de la obra y la predicación del evangelio, lo que pasaba en la sociedad no era para informarlo en la revista cuyo propósito era la misión de la Iglesia, no obstante, esto no significaba que eran ajenos a lo que pasaba en la sociedad chilena.

En el mes de septiembre de 1925 La Revista Adventista informaba de forma breve: “Se efectúo en Chile el plebiscito o referéndum popular, resuelto con el fin de que el pueblo se pronuncia directamente acerca de la aprobación o no de la nueva Constitución. Las boletas serán escrutadas el 15 de septiembre próximo”.[38] Al siguiente mes la Review and Herald publicó un artículo titulado The South American División en el cual P. E Brodersen informaba que “Chile ha declarado la separación entre estado e iglesia”. Además, mencionaba que el gobierno de Chile ha realizado una invitación a varias denominaciones incluyendo los adventistas, para ayudar a mejorar las condiciones morales y sociales del país.[39] Al parecer había un interés en el liderazgo de Chile en participar de estos diálogos aportando ayuda al Estado y a la sociedad.

            Es interesante agregar que el 22 de octubre de 1925 el pastor Hanckok público un breve artículo sobre el uso de la prensa en Chile. En el destacaba que él había usado la prensa chilena de manera considerable. El último tiempo los principales periódicos del país, publicaron sus artículos que exponían el mensaje en un momento de agitación, donde se creía que el fin del mundo llegaría en febrero del 1925.[40] Esta creencia podría ser debido a las turbulencias económicas y políticas del Chile de ese tiempo, en el cual se produjo el segundo golpe de estado que traería nuevamente en marzo al presidente Alessandri. 

           El pastor Hanckok destaca que “ahora es el momento oportuno para publicar algo sobre la templanza, la libertad religiosa y otros temas relacionados con los acontecimientos del día”.[41] Esto demuestra el profundo interés del presidente de la Asociación Chilena por los acontecimientos del país. No sabemos si publicaron su opinión con respecto a la separación de Estado e Iglesia en algún diario. Pero podemos inferir que los lideres de la Iglesia Adventista en Chile eran conscientes del momento histórico que estaba atravesando el país al separar la Iglesia del Estado y por lo tanto comentaron al respecto. 


Conclusión

           El proceso de secularización de la sociedad chilena fue una larga lucha entre el Estado y la Iglesia. Una batalla entre conservadores ultramontanos contra liberales, radicales y evangélicos. Los últimos fueron ganando terreno en el Chile liberal con la aprobación de las leyes laicas la cuales serían el gran golpe hacia la Iglesia católica que culminaría con la promulgación de la nueva constitución de 1925. Aunque esta no contenía explícitamente la separación de Iglesia y Estado, si afirmaba la libertad de conciencia y religiosa por la cual tanto se luchó. 

           Los adventistas fueron testigos y participaron de este hito histórico de la sociedad chilena. Ante un nuevo cambio constitucional en la década del 80, no hubo mayor novedad en relación con el artículo de libertad religiosa, escrito en la constitución de 1925. En el año 1999 se promulgó la ley 19.638 conocida como “Ley de Culto”, la cual trajo mayor igualdad para las denominaciones religiosas. Ya que ahora podrían tener personalidad jurídica con derecho público, estatus que solo había tenido la Iglesia Católica.

           En el tiempo actual la constitución sociológica de Chile ha cambiado bastante en el aspecto religioso. En los resultados del último censo del 2024, el 53,8% de la población respondía ser católico, un 16,2% evangélico protestante, un 3,7% de algún credo no cristiano, mormón, testigo de Jehová u otro, y un 25,7% dice ser sin religión, ateo o agnóstico.[42  El Chile de hace 100 años es otro.

           El mundo adventista en la actualidad representa el 0,53% de la población chilena, y existe un pastor cada 69.475 habitantes. Aunque todavía el adventismo es un universo pequeño, su influencia en la sociedad ha crecido a través de sus iglesias e instituciones educativas y comunicacionales.[43] 

           Su influjo también quedó demostrado por su participación en el último proceso constituyente de Chile, donde a través de la propuesta popular de norma constituyente 57.370 la Iglesia Adventista unió a otras denominaciones para votar por una norma que ampliaba la libertad religiosa en Chile. Esta propuesta incluía la libertad de observa un día de descanso semanal mediante la acomodación razonable. 

            Es importante que como iglesia se siga defendiendo la libertad religiosa con ahincó, hace 100 años se ganó la batalla en Chile y se ha ido ampliando esta libertad. No obstante, la profecía de Apocalipsis 13 señala que la herida mortal de la bestia sanará y todo el mundo se maravillará (Ap. 13:3). Entonces, el dragón levantará otra bestia que hará que todos adoren a la primera bestia cuya herida mortal fue sanada (Ap. 13:12). La trinidad satánica (dragón, bestia del mar, bestia de la tierra) actuará en el fin de los tiempos para violar las conciencias de los seres humanos al obligar una adoración absoluta bajo pena de muerte (Ap. 13:15). 

            Para finalizar, es ahora que como pueblo debemos levantar la bandera de la libertad de conciencia y religiosa. Y al igual que Sadrac, Mesac y Abed-Nego, no obedecer las órdenes del rey o el Estado estando dispuestos a ser leales a la conciencia dirigida por la Palabra de Dios, aunque eso involucre nuestra vida. Dios nos ayude en este desafío del tiempo del fin.

                  


[1] Fidel Araneda, Historia de La Iglesia En Chile (Santiago, Chile: Ediciones Paulinas, 1986), 493.

[2] Ibíd.

[3] Sol Serrano, ¿Que Hacer Con Dios En La República? (Santiago, Chile: Fondo de Cultura Económica, 2017), 91.

[4] José Díaz, “Conflictos Iglesia-Estado En Chile Entre 1830-1891: El Conflicto Teológico y Las Leyes Laicas,” Aportes: Revista de Historia Contemporánea 19, no. 54 (2004).

[5] Jorge Precht, “Libertad Religiosa, Laicidad y Laicismo En Chile Bajo El Régmen de Patronato (1810-1925),” Derecho Público Iberoamericano, no. 5 (2014): 15–87, 37.

[6] Juan Ortiz, Historia de Los Evangélicos En Chile 1810-1891: De Disidentes a Canutos, 2nd ed. (Santiago, Chile: Editorial Parusía, 2015), 63.

[7] Serrano, ¿Que Hacer Con Dios En La República?, 185.

[8] Ortiz, Historia de Los Evangélicos En Chile 1810-1891: De Disidentes a Canutos.

[9] Para más información sobre la discusión en torno al arzobispo Francisco Taforó ver, Cristóbal García-Huidobro, “Laicización y Reforma En El Chile Del Siglo XIX: El Asunto Taforó y Las Relaciones Entre al Iglesia y El Estado, 1878-1886,” Revista de Historia y Geografía, no. 30 (2014): 127–53.

[10] Serrano, ¿Que Hacer Con Dios En La República?, 333.DDA

[11] Matías Tagle, “La Separacion de La Iglesia y El Estado En Chile. Historiografía y Debate,” HISTORIA 30 (1997): 383–439, 411.

[12] Ibíd, 412.

[13] Domingo Santa Maria y José Manuel Balmaceda, “Poder Ejecutivo: Ministerio de Lo Interior,” Diario Oficial (Santiago, Chile), 4 de Noviembre , 1884, N° 2263.

[14] Ortiz, Historia de Los Evangélicos En Chile 1810-1891: De Disidentes a Canutos, 214.

[15] Ricardo Cox, Recuerdos de 1891 (Santiago, Chile: Editorial Nascimiento, 1944).

[16] Arturo Alessandri, “Discurso de Don Arturo Alessandri, Agradeciendo Su Designación Como Candidato a La Presidencia de La República, Pronunciado En la Convención Presidencial El 25 de Abril de 1920 y que Constituye su Programa de Gobierno.,” en Arturo Alesandri Palma, Recuerdos de Gobierno, vol. 1 (Santiago, Chile: Editorial Nascimiento, 1967).

[17] Juan Carlos González, “La Separación de La Iglesia  y El Estado En La Administración de Alessandri,” in 7 Ensayo Sobre Arturo Alessandri (Santiago, Chile: Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, 1979), 292.

[18] Gilberto Fuenzalida, “El Retroceso Social: El Laicismo Imperante Lleva a La Sociedad a Su Ruina Definitiva,” Imprenta Chile, 1921, 34.

[19] Arturo Alessandri, Recuerdos de Gobierno, vol. 2 (Santiago, Chile: Editorial Nascimiento, 1967), 56.

[20] Ibíd, 59.

[21] Karen Donoso, “Las Actas Del Proceso Constituyente de 1925: Una Mirada a Las Discusiones Políticas de Comienzos de Siglo en Chile,” Bajo La Lupa, Subdireción de Investigación, Servicio Nacional Del Patrimonio Cultural, 2024, https://www.investigacion.patrimoniocultural.gob.cl/publicaciones/las-actas-del-proceso-constituyente-de-1925-una-mirada-las-discusiones-politicas-de.

[22] “Actas Oficiales de Las Sesiones Elebradas Por La Comisión y Subcomisiones Encargadas Del Estudio Proyecto de Nueva Constitución Política de La República,” Imprenta Universitaria, 1925, 315.

[23] Ibíd, 319.

[24] Ibíd.

[25] Ibíd.

[26] Ibíd, 325.

[27] Ibíd, 326.

[28] Dirección General de Estadisticas, “Censo de Población de La República de Chile,” Memoria Chilena, December 15, 2020, https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-82449.html.

[29] Juan Luis Ossa, Chile Constitucional (Santiago, Chile: Fondo de Cultura Económica, 2020), 64.

[30] Sofía Correa Sutil, “Los Procesos Constituyentes En La Hsitoria de Chile: Lecciones Para El Presente,” Estudios Públicos, no. 137 (2015): 43–85, 61.

[31] Ibíd.

[32] “Pastoral Colectiva de Los Obispos de Chile Sobre La Separación de La Iglesia y El Estado,” La Ilustración, 1925.

[33] “Noticias Generales” La Revista Adventista, no. 13 (July 1925).

[34] Roscoe T. Baer, “Reunión General En Chile,” La Revista Adventista, no. 13 (July 1925).

[35] “El Mundo al Día,” La Revista Adventista, no. 15 (August 1925).

[36] Seventh-Day Adventist Conferences, Missions, and Institutions: The Sixty-Third Annual Statistical Report, 8.

[37] W. E. Hancock, “La Obra En Chile” La Revista Adventista, no. 15 (August 1925).

[38] “El Mundo al Día,” La Revista Adventista, no. 18 (September 1925).

[39] P. E. Brodersen, The South American Division, 102, no. 42 (October 1925).

[40] W. E. Hancock, “Newpaper Work in Chile” Review and Herald 102, no. 43 (October 1925).

[41] Ibíd.

[42] https://censo2024.ine.gob.cl

[43] Maria Olivia Mönckeberg, En El Nombre de Cristo: Poder Envangélico En Chile (Santiago, Chile: Penguin Random House Group Editorial, 2025).

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