Corrección Teológica

 


   




 En 1486, los dominicos Heinrich Kramer y Jacob Sprenger escribieron el famoso tratado Malleus Maleficarum o El Martillo de las Brujas, en el cual se explicaba cómo identificar a una bruja, conocer sus prácticas, perseguirla y someterla a juicio. La caza de brujas se intensificó debido a la influencia de este libro. Además, en sus inicios, el libro también abordaba la manera de detectar a un hereje. Los autores proponen tres formas de hacerlo: en primer lugar, es hereje quien proclama o predica abiertamente doctrinas heréticas; en segundo lugar, se demuestra la herejía mediante la declaración de testigos dignos de confianza; y, en tercer lugar, se identifica a un hereje a través de su propia y libre confesión. Basta con que se cumpla una de estas tres condiciones para que alguien sea considerado hereje.

Las acusaciones de herejía fueron frecuentes en la Edad Moderna. Tanto católicos como protestantes persiguieron la herejía. Incluso en la llamada "tierra de la libertad" (Estados Unidos), hubo una fuerte persecución contra los herejes.

    En nuestros tiempos, se habla mucho acerca de la corrección política. Esto consiste en censurar opiniones y personas que adhieren a una ideología, postura o pensamiento distinto del mayoritario. Se ha presentado como una medida para proteger a las mentes sensibles. Debido a esta postura, se ha llegado incluso a censurar y modificar obras literarias antiguas por temor a que ofendan a las mentes modernas. Jonathan Haidt, en su libro Malcriando a los jóvenes estadounidenses, analiza lo que ocurre con esta generación y cómo se han creado "espacios seguros" en universidades, además de censurar a profesores por las opiniones expresadas en clase. La presión ejercida por los jóvenes ideologizados es considerable.

Sin embargo, aunque parezca increíble para algunos, la censura, la caza de brujas y la persecución contra la herejía también se practicaron dentro de la Iglesia Adventista.


¿Persecución dentro de la Iglesia Adventista?

    Después de la muerte de Ellen White, la iglesia se vio envuelta en un debate entre fundamentalistas que defendían la inerrancia e inspiración verbal de las Escrituras y aquellos que estaban en contra de esta visión. Este conflicto no solo influyó en la manera de interpretar la Biblia en relación con la inspiración y la revelación, sino también en la forma en que se consideraban los escritos de Ellen White.

    Para la mayoría de los adventistas, la inspiración de Ellen White no era verbal, sino de pensamientos. Quien creyera lo contrario era prácticamente un hereje. Luego de las conferencias bíblicas de 1919, esta postura se intensificó y envenenó el ambiente en muchos campus de instituciones educativas.

Seis meses después de estas conferencias, doce estudiantes del Washington Missionary College se reunieron con tres administradores de la Iglesia para acusar a su profesor de historia, Edwin F. Albertsworth, de impartir enseñanzas heterodoxas que, según ellos, estaban perturbando su fe y confianza en el Espíritu de Profecía. Esto llevó a la apertura de un proceso de evaluación y audiencias contra el profesor. La postura ultraconservadora era tan fuerte que incluso los líderes de la Columbia Union Conference acusaban a maestros y al presidente de la Conferencia General, Arthur Daniells, de ser liberales y propagar la "apostasía omega".

    Otro caso ocurrió con W. W. Prescott, secretario de campo y gran erudito adventista. Prescott fue solicitado para dar clases en el Emanuel Missionary College (actual Andrews University), ya que el colegio estaba en proceso de acreditación estatal y su experiencia, título y conocimiento eran de gran valor en este proceso. Sin embargo, tras comenzar a enseñar y asumir el cargo de presidente de la facultad de teología, fue acusado por W. H. Branson, vicepresidente de la Asociación General, de no estar en plena armonía con las creencias denominacionales de la Iglesia Adventista. Prescott quedó bajo sospecha de ser liberal. Como consecuencia, se le pidió que dejara su cargo en el colegio. Nadie conversó con él personalmente; simplemente se le notificó por escrito su renuncia obligada. Aunque exigió una audiencia para defenderse, no fue escuchado.

    Situaciones similares ocurrieron en otros campus universitarios adventistas. Nuestra historia como iglesia está marcada por errores, y lo peor que podríamos hacer es volver a cometerlos. Hoy en día, la postura de la Iglesia respecto a la inspiración de Ellen White está muy alejada de lo que sostenía la mayoría en el siglo XX. Sin embargo, siempre corremos el riesgo de repetir los mismos errores.


Reflexión final

    ¿Acaso en el tema de la ordenación de ancianas estamos cometiendo el mismo error de acusar de herejía? Iré más lejos: ¿qué sucede con aquellos que creen en la ordenación de la mujer al ministerio? ¿Son herejes? ¿Qué debemos hacer con ellos? ¿Censurarlos, borrarlos de las listas de la iglesia, impedirles enseñar? Tomo este tema como ejemplo, pero hay otros puntos controversiales en la iglesia, como la música y la vestimenta.

    Creo que debemos pedir siempre sabiduría a Dios para relacionarnos con nuestros hermanos en la fe, quienes comparten los mismos fundamentos, pero pueden diferir en detalles y formas dentro del ámbito teológico.

    No debemos apresurarnos a acusar y señalar con el dedo a quienes piensan diferente. No vaya a ser que terminemos con un manual similar al Martillo de las Brujas para identificar herejes. La Iglesia Adventista cree en la verdad progresiva: nunca nos hemos estancado, sino que hemos avanzado en el conocimiento de las Escrituras. No podemos cerrarnos y afirmar que ya tenemos todos los aspectos de la verdad claros. No somos dogmáticos y estamos abiertos a la iluminación del Espíritu Santo en la comprensión de las Escrituras.

 

 

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