Salgo del colegio, me subo al auto y me dirijo hacia la cita que tengo agendada, a veces almuerzo otra veces no, en esta ocasión comí y me fui rápido a la dirección de la familia que tenía que visitar. Llegó a los edificios, estaciono en la calle porque no si hay estacionamiento para visitas, me dirijo a portería, toman mi datos y me hacen pasar. Me sorprendió que no llamaran a la casa, pero en todos lados es diferente la forma de atención. Le pregunto al portero: ¿cuál es el edifico B?, me lo señala y sigo mi camino hasta entrar y subirme al ascensor, 5 pisos lo podría subir por la escalera, pero siempre el ascensor es más visible y cómodo. Voy por el pasillo y sale el alumno a recibirme. Me guía a su casa y entro. Allí estoy nuevamente en un hogar de la comunidad de nuestro colegio. En esta ocasión están ambos padres y el chico.
Esta es una de esas visitas para confirmar una decisión importante en la vida del estudiante. Durante la semana pasada estuvimos en una semana de énfasis espiritual, todos los días llevábamos a los cursos por turnos al templo para un programa especial espiritual. Tuvimos una linda jornada, con música en vivo, dinámicas, momentos de oración y exposición de temáticas relevantes para los jóvenes. Lo más importante es que tuvieran un encuentro con Dios y al parecer se logró. Varios jóvenes rompieron el prejuicio, la vergüenza del que dirán, el miedo, y pasaron adelante con amigos para testificar que ellos aceptaban a Jesús en sus vidas y querían dar el paso del bautismo.
En la casa de ese alumno resalte esto como algo importante, lo jóvenes hoy podrían estar interesados en muchas otras cosas, tanto positivas: como el deporte, la cultura etc. pero también en cosas negativas: salidas, fiestas, vicios, etc. Pero frente a las distintas tentaciones este joven y sus amigos decidían entregar su vida a Jesús. ¿Es atractivo Jesús para un joven de 15 años? Si nos dejamos guiar por las encuestas en Chile, la respuesta sería un rotundo no. La encuesta INJUV nos muestra que los jóvenes no están tan interesados en la religión y su participación y creencia religiosa es la que más ha disminuido. Entonces ¿qué lleva a un joven a querer bautizarse? Creo que hay una convicción de lo que es bueno y también los valores que se entregan en el hogar.
Estando en la casa me di cuenta que estaba con una buena familia, la conversación fue ideal, hablamos del trabajo, del hogar, de los hijos, del colegio. En todos los hogares que visito como pastor, suelo preguntar por lo mismo. Quiero conocer a las familias, saber que creen, piensan y un poco de su historia. Cada vez que voy a un hogar el tiempo pasa volando, es como si la conversación fuera con un amigo cercano, donde te trasladas en un espacio atemporal y pierdes de vista el reloj, ese reloj que siempre nos lleva de un lugar a otro, a veces preocupados y apurados. Hay ocasiones donde la historia familiar es de sacrificios, trabajos en lugares alejados del hogar por varios días, o a veces lo contrario, falta de un trabajo estable, perdidas reciente de familiares, problemas que aún no se han podido solucionar, tristeza por errores cometidos por los hijos en el colegio o en otro ámbito.
Después de una larga conversación, miré el reloj del celular y el tiempo había llegado a su fin, debía prepárame para llevar a mi hija a la gimnasia. En esa conversación hablamos del hijo y de la decisión de bautizarse. Los padres lo apoyaban sin problemas, eras padres que en su juventud participaron de actividades sociales católicas, eso les entusiasmaba a tal grado que se ofrecieron de voluntarios para ayudan cuando hicieron ese tipo de actividades. ¿Por qué permitir que un hijo se bautice, si uno profesa otra religión? Ellos me dijeron que él podía elegir, ya era grande, consciente de sus decisiones. Mientras sea algo bueno allí estarán ellos para apoyar. Me llamó la atención, vi disposición así que lance una invitación, - esto no es solamente para su hijo – repliqué, - también ustedes están invitados a estudiar la Biblia-. Mirándose al uno al otro aceptaron, acordamos día en la semana para una visita de estudio bíblico. Siempre he repetido que si un hijo quiere ir a Jesús no solo debemos dejarlo como padres, sino acompañarlos, ir con ellos al encuentro de Dios, esta familia decidió hacerlo.
Saque la Biblia que siempre me acompaña en la mochila, la abrí y leí un versículo del sermón de la montaña. Allí Jesús nos interpela a cómo debe vivir un cristiano. En el capitulo 6 de Mateo Jesús dice que no debemos preocuparnos por el día de mañana: ni que comeremos, ni que beberemos, ni con que nos vestiremos. Si Dios cuida de los animales y la naturaleza, más aún de aquellos que fueron formados a su imagen y semejanza, de aquellos que somos llamados sus hijos. Terminé con el versículo 6 “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Dios sabe que tenemos necesidad de todo, pero debemos vivir confiados en que si lo ponemos en primer lugar el proveerá para todo en cada ocasión. La familia me miraba y escuchaba asintiendo en lo que estaba diciendo. Cierro la Biblia y hago una oración.
Quizás esto último es lo que más valoran las familias, no en todos los hogares se abre la Biblia y se ora, hacerlo en un hogar con valores que respetan a Dios, es invaluable. Por eso las familias están contentas con la educación adventista, aportamos algo más que las matemáticas, el lenguaje, la historia y la biología. Queremos que los jóvenes vivan el reino de Dios y junto a sus familias estar preparados para la segunda venida de Cristo. Me levanto y me despido de cada uno con una fotito, salgo del edificio, me subo al auto y me voy a mi casa a buscar a mi pequeña para ir a la gimnasia. Aquel que salió de ese departamento es un hombre feliz que cumple su propósito, no es solo el bautismo, sino ver que familias completas pueden aceptar y ser parte del reino de Dios.
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