El discurso sorprendió a todos los presentes. Anunciaba el devenir de la humanidad y su relación con la IA. “Todo lo que está construido con palabras será absorbido por la IA”, mencionaba el reconocido escritor Yuval Noah Harari en el foro de Davos 2026, frente a las personas más poderosas del mundo. Su discurso era una profecía de la IA como ya lo ha hecho en sus libros Homo Deus y Nexus. Es así como la IA podría tomar las leyes y las religiones de los libros sagrados por ser escritura.
En la Biblia, quienes anunciaban el porvenir eran los profetas. Algunos de ellos, como Harari, se paraban frente a las multitudes para pregonar una nueva era. Estos profetas apocalípticos proclamaban el control del mundo, el fin de los tiempos. Y si la IA toma todo lo relacionado con las palabras, ¿hay futuro para las profesiones que se basan en la comunicación del logos? Según esta profecía, no. Todo será dominado por la IA.
Los profetas modernos vaticinarán que la IA podría armar las mejores novelas ya que tendría el conocimiento para crear las estructuras, personajes, incidentes incitadores, clímax, deseos, pasiones y toda una trama que haga de la historia la mejor novela. Pero la realidad es que la narración humana es única; somos los humanos los que desarrollamos el arte de contar historias y tenemos, como titula García Márquez uno de sus libros, Esa bendita manía de contar historias. A veces las mejores historias salen de la realidad a la cual la IA solo accede a través de información.
Los profetas modernos anunciarán que la mejor descripción de una ciudad la podrá hacer la IA, porque se le puede cargar todo el sistema de mapas, registro de barrios, historia de la ciudad, diarios y toda la información precisa para hacer la mejor descripción. Sin embargo, no estarían allí en el día a día. ¿Podrían hablar de un momento particular, costumbres modernas y los animales domésticos de la ciudad? No podrían describir qué sienten las personas al pasar por los negocios, los bares y las plazas como lo hace Gay Talese en su descripción única de Nueva York. La IA no puede darnos lo inadvertido que hace especial a una ciudad.
Los profetas modernos proclamarán que la IA podría describir a cualquier persona que tenga cargados sus datos, acciones, videos, escritos, fotos y elecciones a lo largo de la vida en el sistema. Quizá pueda adivinar a través de sus algoritmos las decisiones que podría tomar. Pero jamás develará el alma del ser humano, qué siente en ese momento, qué dice la mirada más allá de las descripciones físicas. Esa conexión que se produce entre entrevistado y entrevistador solo se da en ese instante juntos y es descrita de manera única por el que estuvo allí. Jamás podría hacer una entrevista igual a la de Roka Valbuena al compadre Moncho en The Clinic. Porque revela en esa intimidad la carga por ser él mismo, saliendo cada día presentando a su personaje. Esa conexión la transmite el ser humano que ha conocido al hombre y al personaje al mismo tiempo.
Los profetas modernos pregonarán que un acontecimiento, una noticia, puede ser mejor descrita en detalle por la IA, ya que podría recopilar toda la información de una vez de los testigos, recrear una escena a la perfección, describir cada detalle del incidente en la noticia para que el lector obtenga todo lo acontecido. Pero solo el escritor puede ir más allá de cada detalle sobre el accidente. El escritor puede elegir arbitrariamente contar una historia de alguno de los afectados por el accidente con el que nos conectamos con su interior. Transformar la información detallada en narración. Solo el ser humano puede ser impactado por lo que está viendo en el momento; la IA solo guarda los hechos, pero no es capaz de sentir el dolor o el sufrimiento de algún accidente grave. ¿Cómo lo podría transmitir? Solo el ser humano empatiza con otro ser humano.
Los profetas modernos augurarán que la IA podrá desarrollar todo lo que le pidas, inclusive el humor. Podría imitar a los grandes humoristas, combinar estilos, innovar escribiendo nuevas historias; podríamos pedirle que sean oraciones cortas, con lenguaje coloquial, con más o menos adjetivos, que incluya grandes remates, pero no sería más que una ayuda de unas ideas que quien maneja la IA le subió a su información. ¿Quién finalmente sería el creador?
Por último, los profetas modernos profetizarán el fin de la escritura y de todos los profesionales que la utilizan como herramienta. Pero la realidad es que la escritura humana perdurará contra la perfección de la IA, porque el ser humano empatiza con aquellos que son semejantes a sí mismo, aquello que nos devuelve nuestra imagen. Y solo un ser humano con sus virtudes y errores, con sus pasiones y apatías es capaz de transmitir por escrito aquello que nos hace únicos y que conecta con aquel que está del otro lado, como tú, querido lector, mi semejante, mi hermano.
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